En plena época estival, tiempo que se presta al descanso y la reflexión, nos ha llegado el opúsculo "La alternativa a la crisis es la democracia", escrito por el compañero Anton Dké, que reproducimos a continuación. En él se resumen muchos aspectos fundamentales del proyecto de la Democracia Inclusiva, puesto que éste es la inspiración principal del autor en el momento de plantearse la construcción de un movimiento global y antisistémico de transición a una sociedad realmente democrática.
LA ALTERNATIVA ES LA DEMOCRACIA
Acabo
de editar un pequeño libro que titulo "La alternativa a la crisis es la
democracia. (panfleto para la creación de un movimiento global de
transición a la democracia)".
Lo
califico como "panfleto" porque se trata de un texto un tanto
apresurado, urgido por la rapidez de los acontecimientos que nos ocupan
en estos inciertos días. Más adelante intentaré abordar con
detenimiento los múltiples temas que aquí han quedado someramente
tratados.
Desde este blog podéis acceder a su lectura o descarga. Espero vuestras opiniones y comentarios. Este es el prólogo:
Prólogo
Vaya
por delante mi agradecimiento al Grupo de Acción de Democracia
Inclusiva (GADI) de Cataluña, cuyo sitio web me descubrió el trabajo
teórico de Takis Fotopoulos, el eminente profesor, economista, sociólogo
y activista griego que desde hace dos décadas viene desarrollando el
paradigma de la democracia inclusiva, con el que me identifico
plenamente y que me ha servido para fortalecer con sus ideas las mías
propias, nutriendo de argumentación intelectual lo que hasta entonces
era sólo deseo y esperanza por un mundo mejor.
Consciente de mis
propias limitaciones, quiero ser consecuente con la rebeldía que buye
en mi conciencia de ser social, contribuyendo en la medida que pueda, a
la construcción de un movimiento libertario de masas, que nos lleve a
una nueva forma de organización social, realmente democrática y
ecologista. En esta hora de mi vida, no percibo la necesidad de acometer
ninguna tarea más importante.
Soy activista del movimiento 15M,
miembro de una asamblea local en una pequeña población del medio rural,
lo soy desde el mismo día en que se produjo la acampada de ciudadanos
indignados en la cosmopolita y madrileña Plaza del Sol.
Con la
indignación me llegó la necesidad y la oportunidad de hacer una
reflexión detenida sobre la crisis que está en el origen de esa
indignación generalizada que sacude a buena parte de la anestesiada
sociedad española. Los acampados de Sol me proporcionaron las claves
para la reflexión: “no nos representan”, “¡democracia real ya! …yo
siempre había pensado que una democracia real debería suponer algo más
profundo que una reforma electoral, por muy necesaria que ésta sea en
el actual momento.
De mis propias contradicciones, de
las que pude detectar en las asambleas locales y en la propia evolución
del movimiento 15M a nivel general, surgió mi posición crítica en el
seno del movimiento ciudadano, posición que es perfectamente compatible
con mi apoyo y mi activa participación en el mismo. Por aquellos días,
la lectura del libro “Hacia una democracia inclusiva”, de Takis
Fotopoulos, fue providencial para iluminar la confusión que me atenazaba
en aquellos momentos iniciales, de fervor “revolucionario”. Desde
entonces para acá, la crisis ha ido creciendo como un monstruo que
amenaza con derribar todas los avances sociales logrados en muchos años
de resistencia y lucha contra “el sistema”.
El eslogan del 15M “no
somos antisistema, el sistema es antinosotros” no resolvía mis dudas;
la segunda parte del mismo estaba muy clara, pero no así la
primera….¿cómo que no somos antisistema?...
Tengo el
convencimiento de que la izquierda, en general, no sólo la española,
arrastra un inmenso y paralizante lastre ideológico reformista, que
supone la aceptación sumisa del sistema, no en sus modos y políticas,
pero sí en su esencia, en su política misma: la economía de mercado y la
llamada “democracia representativa”. Yo tenía la certeza de que en el
viejo pensamiento anarquista -socialista y libertario- se hallaba la
respuesta a mis dudas, una respuesta continuamente derrotada, bien por
la violencia de Estado, bien por los “otros” socialismos de Estado: la
socialdemocracia y el socialismo soviético. Ambos socialismos han
fracasado estrepitosamente ante el neoliberalismo capitalista, primero
el soviético y más recientemente, la socialdemocracia europea. El
fracaso les ha llevado a la reconversión ideológico-electoral: los
socialdemócratas han devenido en social-liberales, los comunistas
estatistas en socialdemócratas retardados.
Nuestra
actual perspectiva histórica nos permite entrever con una evidencia
incontestable que “el sistema” incluye a neoliberales, socialdemócratas y
comunistas estatistas porque comparten, con variables, su misma
infraestructura de poder: el estado, la economía de mercado y la
“democracia” representativa, con idénticas ideologías sobre el
crecimiento y la heteronomía (lo contrario a la autonomía, lo que
concentra el poder, lo que propicia la organización jerárquica de la
sociedad, lo que impide la libertad y hace imposible la democracia).
Aunque
lo deseemos, no podemos esperar a que las anquilosadas organizaciones
anarquistas, fundamentalmente sindicalistas, adquieran de repente el
sentido originario de la democracia como verdadera alternativa al
”sistema” que nos conduce a la autodestrucción. No podemos esperar a
ese día en que la razón se imponga y la humanidad entera reaccione para
corregir el rumbo. Nada está escrito, nada está predeterminado, ni el
sueño de la utopía libertaria ni la agorera profecía de la
autodestrucción. Tampoco podemos esperar a que se cumpla la marxista
profecía de la civilización capitalista como preámbulo inevitable para
el triunfo de la razón proletaria. Todo depende de nosotros mismos, de
nuestra voluntad de emancipación, de la opción que tomemos: o “el
sistema” o “la democracia”.
¡Omnia sunt comunia!
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